He aquí que el Señor vendrá
con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.
Ecce Dóminus véniet
cum splendóre descéndens visitáre pópulum suum in pace, et constitúere super eum vitam sempitérnam.
Oremos:
Concédenos, Padre todopoderoso, estar siempre preparados a la venida de tu
Hijo, para que, cuando llegue, podamos salir a su encuentro, conforme a su
palabra, con nuestras lámparas encendidas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos!
Lectura del libro del profeta
Isaías
48, 17-19
Esto dice el Señor, tu redentor,
el Santo de Israel:
"Yo, el Señor tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a
seguir. ¡Ojalá hubieras atendido mis mandatos! Tu
bienestar sería como un río; tu prosperidad, como las olas del mar; tu descendencia sería como la arena; como sus granos, los
frutos de tus entrañas; tu nombre no habría sido borrado ni apartado de mi
presencia".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 1, 1-2.3.4 y 6
Dichoso quien confía en el
Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.
Dichoso el hombre que no sigue
el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni
se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor,
meditándola día y noche.
Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.
Es como un árbol plantado junto
al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le
sale bien.
Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.
No sucede lo mismo con los
malvados, pues son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege el
camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.
Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor, salgamos a su encuentro; él es el príncipe de
Dóminus
Aleluya.
No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre
† Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
11, 16-19
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
"¿Con quién compararé a esta generación? Es como esos muchachos que,
sentados en la plaza, gritan a los otros este refrán: "Hemos tocado la
flauta y no han bailado, hemos entonado lamentaciones y no han llorado".
Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: "Está endemoniado".
Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tienen un comilón
y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores".
Pero la sabiduría ha quedado avalada por sus obras".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Que te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones y que tu misericordia supla la extrema pobreza de
nuestros méritos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan
de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para
que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la
plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en
vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Esperamos como Salvador a
nuestro Señor Jesucristo. El transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo
glorioso como el suyo.
Salvatórem exspectámus Dóminum
Iesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostræ, configurátum córpori claritátis suæ.
Oremos:
Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna,
enséñanos, Señor, a no sobrevalorar los bienes terrenales estimando los del
cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.