vie 2a. Adviento (Id=19)
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Antífona de Entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.
Ecce Dóminus véniet cum splendóre descéndens visitáre pópu­lum suum in pace, et constitúere super eum vitam sempitérnam.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Concédenos, Padre todopoderoso, estar siempre preparados a la venida de tu Hijo, para que, cuando llegue, podamos salir a su encuentro, conforme a su palabra, con nuestras lámparas encendidas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos!

Lectura del libro del profeta Isaías
48, 17-19

Esto dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
"Yo, el Señor tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. ¡Ojalá hubieras atendido mis mandatos! Tu bienestar sería como un río; tu prosperidad, como las olas del mar; tu descendencia sería como la arena; como sus granos, los frutos de tus entrañas; tu nombre no habría sido borrado ni apartado de mi presencia".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 1, 1-2.3.4 y 6

Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.

Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.

No sucede lo mismo con los malvados, pues son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Dichoso quien confía en el Señor.
Qui séquitur te, Dómine, habébit lumen vitæ.

Aclamación antes del evangelio

Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor, salgamos a su encuentro; él es el príncipe de la paz.
Dóminus
véniet, occúrrite illi; ipse est princeps pacis.
Aleluya.

Evangelio

No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 16-19

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
"¿Con quién compararé a esta generación? Es como esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros este refrán: "Hemos tocado la flauta y no han bailado, hemos entonado lamentaciones y no han llorado". Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: "Está endemoniado". Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores".
Pero la sabiduría ha quedado avalada por sus obras".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

Las dos venidas de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Esperamos como Salvador a nuestro Señor Jesucristo. El transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.
Salvatórem exspectámus Dóminum Iesum Christum, qui re­formábit corpus humilitátis nostræ, configurátum córpori clari­tátis suæ.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar los bienes terrenales estimando los del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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